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lunes, 31 de marzo de 2025

El Eternauta I y II de H.G. Oesterheld y F. Solano López


El término “eternauta” es un neologismo y surge del mismo modo que Di Benedetto creó el de su gran novela El silenciero: a partir de la necesidad de graficar el sentido último que ellos intentaron darle a sus textos. Según explica Juan Sasturain el vocablo significa “eterno viajero” y surgió ad hoc. Pero Oesterheld resultó menos afortunado que nuestro coterráneo porque la historia que originalmente iba a narrar el viaje de Juan Salvo por diferentes universos, mutó. El motivo de su peregrinar sería la búsqueda de su familia. Efectivamente, se desencuentran cuando una máquina extraterrestre separa a Juan de su esposa Elena y su hija Martita en el tiempo y el espacio. Se suponía que así comenzaría el viaje eterno de Salvo. Pero los mundos ficcionales a veces toman direcciones que no son las pretendidas por sus productores. 


El texto apareció publicado por primera vez hace sesenta y ocho años en la revista Hora Cero Semanal. El Eternauta nace en el afán de sacar adelante una pyme. Puntualmente la editorial Frontera que Oesterheld fundó junto a su hermano. En aquella época, mediados de los cincuenta del siglo pasado, la tira cómica e historieta tenían un alto consumo popular. No obstante, el mercado ya llevaba dos décadas activo y tenía una amplia gama de alternativas. Para ganar consumidores era necesario proponer algo distinto. Fue así que Oesterheld imaginó la historia del Eternauta. Un dato de color interesante de conocer para quienes gustan de la literatura es que en aquellos días de Frontera, la mayor cantidad de producción narrativa la realizaba Germán Oesterheld. De hecho, al mejor estilo Stephen King, empezó a firmar los guiones con seudónimos. Mediante este truco, se daba la impresión de que la revista era una creación grupal como se supone que es una publicación de tal formato.  


Un poco de crítica literaria: El Eternauta es un texto particular que desde su aparición ha disputado un espacio dentro del campo literario. La historieta, las tiras cómicas y los géneros más populares solían ser desmerecidos en los ámbitos institucionales. Sin embargo, este texto apareció desafiando las rígidas fronteras de su momento. Primero: los personajes son locales y la acción transcurre en espacios que para el público son reconocibles. Estos fueron grandes aciertos porque generó empatía inmediata con el público lector. Hasta el momento de su publicación, la acción siempre ocurría en lugares foráneos, con personajes ajenos a la idiosincrasia local. Escenas como el enfrentamiento en el Monumental, en la Av. General Paz o en plaza Italia calaron profundo en el imaginario popular. Segundo: la estructura está erigida a partir de una historia marco la cual se aprovecha para un sagaz juego metaficcional. Explicitamos: la narración comienza cuando Germán, guionista de historietas, está trabajando en su escritorio y se le materializa una persona. Es Juan Salvo, ya convertido en el Eternauta. Le narra cómo llegó a esa situación. Lo contado son los hechos a los cuales asistimos en la historieta: la invasión y colonización del planeta. Al final, Juan se da cuenta que ha vuelto a una época anterior a la invasión y que, milagrosamente, ha aparecido en la misma dimensión en que vivía con su familia. El reencuentro con su mundo original obra como amnesia respecto a lo narrado. Entonces Germán, preocupado por el destino del planeta, entiende que debe avisar a la humanidad. Y lo hace como sabe: escribiendo una novela que alerte acerca del porvenir. Cabe agregar que la ficción sucede dos años después del periodo de publicación del Eternauta. En la época asistir a este juego metaficcional fue un suceso. Tanto es así que Oesterheld no siguió la idea hasta veinte años después porque la primera parte cerraba perfecta. La segunda parte surgió en otro momento histórico cuando ya el hombre y el escritor eran otros. En consecuencia, en esta última aventura escrita por Oesterheld, nos encontramos con un Juan Salvo diferente a lo esperable de acuerdo a la primera parte.

Se desprende de lo expuesto que el Eternauta, gracias a su estructura —donde resalta el juego de narradores— y al mundo ficcional que construye, posee méritos suficientes para disputar un lugar más allá del margen que le había sido asignado. Y así fue: Veinticinco años atrás Clarín editó una colección bajo el común denominador de “Clásicos”. Esta serie que contó con títulos como Zama, Fin de fiesta y Eisejuaz cerró con El Eternauta. No hace falta explicar la difusión que implica que un multimedio de las dimensiones de Clarín publique una obra pero sí cabe destacar que el gesto implicó la legitimación dentro de los espacios culturales e institucionales de la obra. Tanto por su repercusión como por la explícita intención de canonizar los textos mediante el denominador “Clásicos”. Cabe señalar que El Eternauta ocupó un lugar destacado porque cerró la colección. De ahí en adelante tuvo varias reediciones, se envió a las escuelas y entró al canon literario de la región. 

Jacques Dubois dice que quienes se dedican a la escritura durante su vida atraviesan tres etapas, la de emergencia, la de legitimación y la de canonización. La tercera no a todas las personas les llega. En el caso que nos compete, sí. En efecto, que el gigante multinacional Netflix haya producido una serie es consecuencia del lugar central que ocupa la obra y, por efecto metonímico, sus autores (porque si bien hemos hablado de Oesterheld, el texto también alcanza su nivel de excelencia gracias a los dibujos de Francisco Solano López). Además, el trabajo de Bruno Staganaro lo amerita. Entre los aciertos tal vez el más destacable sea la ambientación, característica que emparenta a la serie con el éxito que tuvo la novela. Con todo, y como ya dijimos pero queremos resaltar, la serie es una adaptación. Desde el principio se rompe la estructura enmarcada, se alteran los espacios y se cambian los personajes. Esta característica ha generado varias polémicas con argumentos que esgrimen desde la perversión hasta el uso político. Más allá de las opiniones, tales sucesos estimulan la circulación y presencia de la obra en un lugar central. No es la intención extendernos pero es importante saber que existen dos versiones de la primera parte del Eternauta. La más conocida es la que venimos comentando pero existe otra, dibujada por Alberto Breccia en un tono experimental y con el guión cambiado del siguiente modo: los Ellos han pactado con las superpotencias la entrega de los territorios de América del Sur. Este texto se conoce como el Eternauta 1969. La adaptación de Netflix también toma ideas de esta obra.     

En fin, si en la actualidad el éxito de un fenómeno cultural se puede apreciar por su presencia en las redes sociales, podemos afirmar que El Eternauta lo ha logrado otra vez. Ojalá que esta repercusión sume lectores a la obra de Oesterheld. 

: El Eternauta I y II.   


And i let you a video: 



https://www.unidiversidad.com.ar/el-eternauta-es-un-exito-mundial-una-mirada-academica-sobre-la-adaptacion-de-netflix


sábado, 29 de marzo de 2014

The Frighteners (AKA: Muertos de miedo) - Peter Jackson (1996)

The Frighteners es una película de 1996. Acá se conoció como “Muertos de miedo”.
La película es excelente. Sin embargo pasó desapercibida para el público general.
Vamos a ver por qué es tan pero tan buena.
Primero porque mezcla con desparpajo y libertad varios géneros. Empieza siendo una película cómica, que más bien parece caminar por el lado de la risa simple. No obstante, a medida que la historia avanza y la trama se complejiza se va transformando en un verdadero thriller de horror.  
Otro aspecto destacable, y si sos un tipo sensible y dado a la comulgación con lo demás; es que fue este el último papel estelar de Michael J. Fox antes del Parkinson. Si no conocés a este señor te cuento que es inolvidable por haber interpretado al canchero Marty Mc Fly en Volver al futuro. Confiezo que no me caía muy bien Fox, justamente, por este papel. Siempre he encontrado a tal personaje muy pedante, cargado de paradigmas yanquis del peor gusto. De hecho, y yéndome pero no muchísimo, me cae mejor el personaje del padre: un escritor de ciencia ficción fracasado y sometido. ¿Por qué? Porque me sospecho en lo de fracasado y me descubro en lo de sometido.
Michael Fox, en los noventa, era un actor en ascenso que estaba eligiendo bien los peldaños a la cresta hollywoodense. Había interpretado al soldado botón y justiciero de Crímenes de guerra (junto a Sean Penn), a un actor histérico en una peli policial con James Wood y,  acá a Frank Banister. Tres roles que le hacen justicia y mostraron a un actor versátil, que podía dar mucho más.   
Les cuento un poquito de la trama: Frank Bannister es un arquitecto venido a menos que, a causa de un accidente, ha adquirido la capacidad de ver espíritus. Sí, ya sé: ¡qué chotera! Es verdad, pero ya desde el principio la película tira otra idea, escapa a los parámetros clásicos porque Frank Banister, acompañado de tres fantasmas ha montado una empresa para, literalmente, timar incautos o, si mejor entendés, “desplumar pichones”. De este modo los fantasmas irrumpen en algún hogar, mueven los muebles y revuelven los cabellos hasta generar la paranoia necesaria para que los pichones requieran los servicios de Bannister, cuya tarjeta, apropiadamente, ha sido depositada en algún lugar visible. He ahí, para mí, una clara muestra de alternativa al rigor de Hollywood. Pero no solo esto. No amiguitos. La película, que como conté arranca en plan comedia romántica, va virando de a poco a causa de un extraño hecho que comienza a aquejar al pueblo: la gente comienza a morir de infartos. Banister empieza a investigar los hechos y, el patético perdedor que nos presentaron, empieza un derrotero que lo llevará a límites inciertos.
Vale destacar también la gran calidad de los efectos, filtros y colores de la película – no seas nabo y contextualizá que esto se filmó en 1996, cuando vos eras menos que un esperma – que colaboran a construir la atmósfera de comic siniestro y oscuro.
Mención aparte merece el hecho de que el director es Peter Jackson - sí, el director de El señor de los anillos y King Kong (ambas muy bonitas, en especial King Kong que siempre me arranca lágrimas cuando matan al mono) - pero en el peldaño inmediatamente anterior a la popular saga. De hecho, revisando en la red, encontré que fue The Frighteners la que le permitió acceder a El señor de los anillos. Interesante. ¿No?
Bueno pibe, te dejo una tremenda película para el finde. Tiene de todo: amor, aventuras, terror y, lo más importante, una trama inteligente. Aspecto que, según pienso yo, es lo único que, al fin, define una obra imperecedera de otra que sí. Acá tenés papa:

pArte uan – paRte duó – parTe tri – partE cuá y, claro, los subtítulos.       

Trailer: