Leí a Jorge Barón Biza a través de su padre, el sexista y violento misógino, mal llamado "escritor maldito", Raúl Barón Biza en los días de la universidad.
Conseguí la novela "El derecho a matar". Se trata de un texto en el que se justifica el feminicidio por infidelidad. La nota escandalosa, para Raúl Barón Biza, reside en que al narrador homoautodiegético (AKA protagonista) lo gorrean su esposa con otra mujer. En consecuencia, se arroga "el derecho de matar". Un femicida que, y he ahí lo tremendo, consumó su violencia en la realidad objetiva. Un libro horrible, que copia estilísticamente a Cambaceres pero sin conseguir la plasticidad de su prosa, desde mi humilde punto de vista. Por supuesto, mi subjetividad, siempre tan presente, filtra mi opinión. Y como es evidente, no me gustó en lo más mínimo el patético y odioso personaje interpretado por Raúl Barón Biza. Me gustaría leer el resto de tus textos y desperdiciarlo. O exonerarlo, al menos, en mi fuero interno. Ahora bien, deteniéndonos en esta definición, considero que el gran valor de Raúl fue engendrar e inspirar a Jorge Barón Biza, su hijo. Víctima directa de su egoísmo y orgullo; Un verdadero escritor también. Con un solo libro quiere decir y consigue mucho más que Raúl. El desierto y su semilla es su única novela, cuyo texto se publicó en el momento de su publicación. Tanto es así que Jorge lo editó de su propio bolsillo. Edición de autor como la llaman. Un concepto que, según se mire, puede interpretarse como bueno o malo. Supongo que en el caso de Biza fue algo malo ya que lo había presentado en el concurso Planeta y ni siquiera quedó preseleccionado. De hecho, la novela quedó relegada a los estantes del olvido hasta la trágica muerte de su autor por suicidio. Su padre primero, su madre segundo y su hermana tercero, le marcaron un rumbo del que no sabía o no quería escapar. Sin embargo, la violencia simbólica y física había comenzado hace mucho tiempo, en la época de la juventud de Raúl Barón Biza y sus abusos y abusos de clase. En efecto, Jorge Barón Biza fue testigo desde pequeño de los abusos de un padre narcisista que nunca supo quitar la vista de su propio ombligo. Tanto es así que el último acto de violencia, antes de suicidarse, como todo narcisista, de forma brutal y espectacular; fue arrojar ácido en la cara de la madre de nuestro autor para que "su cara fuera lo último que vi". Que guacho más cariñoso ¿no? Es a partir de este suceso que comienza la novela de Jorge Barón Biza. Así, podemos aseverar, junto a las conceptualizaciones que nos ofrece la bella academia, que el texto trabaja desde el pacto de la ficción, proponiendo una trama que tiene claves autobiográficas pero que no deja de transitar el camino de la ficción. De hecho, si tengo que ser riguroso en la calificación, debo decir que el texto nunca fue presentado por su autor como una autobiografía. Un texto que vale la pena leer. Algunos críticos lo catalogan, junto con otro suicida, Salvador Benesdra y su novela El Traductor, como el texto más importante del siglo XX. Mire, sé que es usted un irresponsable con semejante afirmación. Pero sé que los parámetros para definirlo así son que apareció y se publicó, por primera vez, en el under, que es la única obra de su autor (al igual que el caso de Benesdra) y que son muy representante del mundo de los noventa. Aquí para descargar: El desierto y su semilla.
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jueves, 21 de diciembre de 2023
lunes, 19 de octubre de 2015
Enrolándose en el Belia - José Miguel Pallarés
Enrolándose en el Belial es una novela corta de José Miguel
Pallarés. El libro podría ser encasillado dentro del género Épica Fantástica (o
Fantasía Épica). Tiene muchos elementos que son característicos, a saber:
Un ambiente
antiguo. Es propio de este tipo de literatura que la historia transcurra en una
pseudo edad media, aunque la verdad es que puede ser en otra época, siempre y
cuando, de un modo u otro, el ambiente sea “antiguo”. Es decir, un mundo
tecnológicamente atrasado. Enrolándose en el Belial transcurre
en el siglo XVII.
Otra
característica propia de este género y que vamos a encontrar en Enrolándose
en el Belial, es la de los personajes errantes. Acá el protagonista es
el capitán Pero Hernández de Ventura (AKA el Aragonés), un aventurero errante
que deambula viviendo aventuras en la España del siglo XVII.
El motivo del
viaje es otra característica de la Épica Fantástica que está presente en Enrolándose
en el Belial. Si lo miramos desde su perspectiva más connotativa, es
este motivo el que prevalece siempre en la literatura. Los movimientos que
implica, sí o sí, una historia siempre son un viaje. En la novela, el desplazamiento
es físico: Pero Hernández debe emprender cazar al Galeón Negro, un barco pirata
que asola la zona.
En la épica fantástica
hay dos clases de viajes: Los que implican un traslado a tierras portentosas (La
Saga de los Confines) o los que son motivados a causa de un objeto
(material o simbólico).
Las batallas son otro
aspecto de la Épica Fantástica o Fantasía Épica. En ellas es común que
aparezcan elementos realistas y mágicos. En la Saga de los Confines, por
ejemplo, están las batallas de Kupuka vs Drimus, amén de los enfrentamientos que
cada uno de los brujos protagoniza. En Enrolándose el Belial también
aparece la magia en las batallas. La tripulación del Belial, aunque si bien
sugerido, nunca explicitado; parecen ser zombis. Y su capitán el diablo o
alguien muy cercano. Pero estos aspectos nunca se aclaran. Y es ese un acierto
de Palleres porque Enrolándose en el Belial es una novela de estructura enmarcada.
Es decir, una historia principal que se presenta contenida dentro de otra que
hace las veces de “marco”. La historia principal es la caza que emprende
Hernández al Belial (1657). La historia marco es el relato que, en 1685, Pero
Hernández le está dictando a un jesuita como respuesta a una misiva del Virrey.
Luego, es verosímil que el narrador no esté consciente de a qué tipo de
criaturas se enfrentó. Desde esta perspectiva, la novela se emparenta con El
Lazarillo de Tormes porque también está escrita como una extensa
misiva. El recurso la encuadra dentro de la tradición española en es este
sentido. Detalle que me olvidaba de explicitar: Pallerés es español.
Otro aspecto
destacable, creo yo, es el trabajo lingüístico. La novela está escrita con
modismos y estructuras sintácticas arcaizantes. Mediante este recurso, Pallerés
pone otra característica propia de la Épica Fantástica: el realismo.
Ya finalizando,
pero no porque la obra no sea susceptible de análisis mayor o más profundo,
sino porque lo quiero charlar en clase con ustedes, acá les dejo Enrolándoseen el Belial.
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martes, 3 de febrero de 2015
Stephen King - Corazones en la Atlántida (1999)
Stephen
King es el maestro indiscutido del terror. Leer sus obras en adentrarnos a un
autor en extremo prolífico y, lo más importante y destacable para mí, a un
universo habitado por pesadillas, monstruos y horror gótico. Pero
contextualizado en la modernidad. Porque en ese sentido las novelas de Stephen
King son realista. No solo el referente es familiar al lector por reproducir el
mundo de forma mimética sino que, para quien comparte geografía o gustos con
King; el referente real y conocido.
Otro aspecto genial de este autor
es que en sus obras siempre hay rock. Y no porque los personajes sean borrachines
a lo Bukowski, sino porque siempre suena rock en los libros. Ya sea por los
epígrafe, ya sea porque alguna canción es el leit motiv constante del universo
creado. De hecho, en uno de los relatos del presente libro, el que a mí más me
gusta; el leit motiv es 96 lágrimas de Question Mark and The Mysterian.
Bueno, paso como para compartir
algo de literatura, no me voy a detener en vueltas ociosas de puro ego
desinflado, no amigos. Solo les cuento que el libro en cuestión está compuesto
de cuatro relatos largos cuyos personajes, de algún modo, se relacionan. Pero
no porque un hecho en común dispare la acción sino por algunas cotidianeidades que viven sin
saberlo.
También es super interesante el
laburo que hace con los narradores, alternando las terceras y las primeras de
acuerdo a los relatos. Y lo más interesante es el manejo del tiempo: cada una
de las historias transcurre en épocas diferentes.
Un libro tremendo. Uno más del
gran Stephen King. Autor amado y odiado. Lo segundo, creo yo, es por gente
prejuiciosa que no lo ha leído y suponen un “bajo nivel” en su literatura. Como
si alguno de todos ellos fuera capaz de escribir aunque sea un párrafo como
este tipo. Pero bueno, la raza humana es así. Solo sabe reír de los demás.
Bien, después de la reflexión
moral. Más después de la recomendación; acá se los dejo. En PDF para que lo
bajen, lo impriman y lo lean. Ahí, al ladito de la pileta, con una cerveza y la
carne trepidando por al calor de las brasas.
Y esta es la tremenda canción que funciona de cortina en el relato de los años sesenta:
martes, 6 de mayo de 2014
Soy Leyenda - Richard Matheson.
Buenas noches mis preciados. Hoy les
traigo un libro extremadamente original y divertido que para mí
significó todo
una experiencia religiosa. Sí, así es.
Porque entendí que años y años de facultad no habían servido para nada
más que llenarme la cabeza de conceptos absurdos e imbéciles sobre qué es la
literatura. Me explico - si bien rápido y conciso porque todo el mundo odia mis
explicaciones –, desde que estudié Lengua aprendí que la Literatura, así con
mayúscula, es aquella que trata temas profundos y habla de personajes que
sufren peripecias de índole espiritual, que, de una u otra manera; provocan un
cambio en la cosmovisión del personaje. De ahí que géneros como la ciencia
ficción, el comic y, en menor medida, el terror sean considerados prosaicos por
no decir berretas. Entonces me negué a leer textos de tal índole[1].
No obstante un buen día topé este libro en la red. Había visto la película (que
por cierto es tan mala como la habitual factura “artística” de Hollywood) y
para nada me llamaba la atención. Pero en los comentarios hablaban maravillas
de la novela y criticaban la película. Entonces lo bajé y lo leí. Y ¡Wau! Qué
buen libro encontré: una novela que plantea un mundo apocalíptico, un futuro en
el peor de los estados donde la humanidad se ha transformado en vampiros.
Algunos Zombis y otros no muertos. En ese contexto está inmerso el
protagonista: Robert Neville, un opaco oficinista que, por casualidades del
destino, no cayó con la epidemia. Neville vive sus días entre el claustro y el
alcohol (tan necesario, lo sé) nocturno y la caza de vampiros diurna.
Una novela excelente que nos habla de la
soledad, de lo trágico del hombre en el mundo y que plantea una hipótesis
genial: Ante un cambio de contexto, un fenómeno u aspecto antes aceptado y
socialmente abalado, se vuelve un peligro y una ofensa. Entonces hay que eliminarlo.
Una novela sobre el cambio. Y sobre la
soledad también. La inmensa soledad del alma humana.
Este libro demuestra que el género
fantástico puede ahondar en las profundidades del alma, papá. Acá se los dejo
para que lo bajen y lo lean muy de su gusto y guisa. Soy Leyenda.
[1] Reconozco que, tal vez, podría ser mi cerrazón señal de una cabeza
inepta, de pensamiento gomoso y arrastrado, imbuido de teachece; pero bueno es
así.
domingo, 9 de marzo de 2014
Stephen King - Cujo (1975)
Otra novela de Stephen King, algo más de terror y horror
les traigo. Un poquito más de este tipo que, como l
es dije ya, me viene robando
varias horas del día. Este era el último libro que me quedaba de los
intercambiados allá en los vendedores de libros usados de la Alameda pero, mi
buen amigo y hermano de la vida Perro Verde; me dijo: Hey Pablo, tengo un
librito de King, sé que te gusta y andás gustoso de leerlo, Tomá, te lo regalo.
¡Wau! Muchas gracias Amigo – sí, así con mayúscula – le dije; sos grosso,
sabelo. Y muy luego lo abracé.
Así es que tengo más para leer de King. No obstante no
será ya cuando encare las 500 páginas de Cuatro después de la medianoche - Un
muy prometedor libro de novelas cortas entre las que se encuentra (¡Sí, papá!) “Ventana
Secreta, Jardín secreto” (Por si no lo sabés, de esta se hizo una muy buena
peli con el repetido Johnny Deep) – sino más adelante, cuando termine la
hermosa y poética novela de Gabriel Vacchielli “Agualima”, ganadora del
Vendimia 2012. Que, dicho sea de paso y porque no sé conservar mi intimidad;
estoy empezando a leer.
Pero bueno, hoy les dejo el último librito que leí del
bueno e imaginativo de King (¡Qué imaginación culiado!): Cujo.
A diferencia de las otras dos que leí (Corazones en la
Atlántida y La hora del vampiro) acá el terror no es sobrenatural, no amigos. Y
he ahí una de las sorpresas que me llevé con la novela. Porque me esperaba que
de uno a otro momento apareciera el mal o algo así, porque sí se habla de
espíritus, sí se crea un ambiente propicio y, no obstante – y muy a pesar de lo
que podés llegar a pensar – el miedo está acá y es tan real y cotidiano que no
lo vas a sospechar hasta que te caiga en el cuello o en los testículos como
Cujo. Y he ahí el terror “psicológico” porque lo
angustioso y opresivo de una situación, en apariencia cotidiana, termina diezmando
y destruyendo dos familias. Muy buena, chaval.
Por otro lado, descubrí, investigando un poquito para
este post, que Stephen King ha creado todo un universo – y no en una saga como
el maricotas de Tolkien o la delirante y borrachina Bodoc, no amigos – él lo
que hace es intertextualizar en cada una de sus novelas con personajes, lugares
o situaciones de otras. Así sean cuestiones menores. De este modo, y a través de los años y el éxito que el muy
careta de King ha conseguido; ha logrado construir un mundo propio y cerrado
que solo es asequible para el lector habitual de este monstruo de la
naturaleza, de esta bestia literaria.
Así es que les dejo un muy buen libro para leer rápido y
en la cama, mientras esperas que tu chica salga del baño y aparezca infartante
y hermosa para vos. Sí, porque si algo adoro, respeto y admiro de King es su
estilo simple, de palabras precisas y sencillas que describen una situación con
pocos adjetivos, sin parafernalias ni ornamentos vehementes y botónes que te
demanden excesiva atención.
Bueno mis estimados, ahora sí: Cujo.
domingo, 16 de febrero de 2014
El misterio de Salem`s Lot - Stephen King (1975)
Stephen King es un autor que me costó mucho. No porque me
resultara compleja su narrativa o entreverado su estilo, sino lisa y llanamente
porque me negué a leerlo durante muchos, muchos años. Por qué, se preguntan,
porque pensaba que era un autor menor, deslindado de los axiomas literarios que
sí o sí un escritor que se precie debe cumplir. Fue así que, como dije, renegué
y hasta negué el epíteto de escritor a Stephen King.
Ahora bien, yo soy un intelectual formado por la
academia. Sí, suena pedante. Aunque, en muchos ámbitos, me resulta vergonzoso.
No obstante, nada de eso importa, solo quiero decir que la universidad me
enseñó una manera de leer que me ciñe a ciertos modos, aspectos y formas del
texto literario. Que si bien son amplias – según creo yo, si acá no vengo en
plan: te odio facultad que septuagenarios son tus modos. No amigos, yo lucro ahí
– exceptúan varios modos u formas de la literatura. El modo más concreto es la
temática. Sí, así es. En la facultad miran torcido la recreación meramente –
por usar un adjetivo propio de mis profes – imaginativa. Tal como la de Stephen
King, Richard Matteson o José Luis López.
Exceptúan solo la épica fantástica, aceptada y legitimada por el cannon occidental. Voy a
hacer un paréntesis aquí para criticar un ratito esta idea del cannon literario
y lo que la academia abala: es una verga. Entiendo que debe existir, como dijo
el poetizo Pablo Grasso: “Debe existir”. Y yo le entendí: porque abala la
lectura como bien social la Academia. Pero también, el comercio. Adjunto está
la necesaria exposición para que existas ahí dentro, para mirar desde el
escaparate y demostrar que sos lo que quisiste ser, que todos lo sepan. Porque
es verdad, de algún modo sos mejor que todos ellos. Eso sí: hay que cantar, lo
que sea, pero hay que cantar bien fuerte para que todos escuchen, para que
todos aplaudan (Cómo me gusta que me aplaudan) y nunca te dejen de mirar ahí
arriba. Porque solo existo si estoy ahí arriba. Si fuera rebelde, si fuera como
vos podría decir que me quedo abajo, con la gente, con la popu y me quedo abajo
para ser ese dedo botón y acusador que señala con sus palabras irreverentes y
su mirar inquisidor. Pero no, yo no soy así. A mí me gusta levantarme minas,
tratar de cogerlas y decirle al mundo qué tan feliz soy.
Me fui. Al demonio como siempre. Mis disculpas. Hablaba
de que la Academia legitima solo algunos modos. Y que esos modos legitimados
están referenciados desde el paradigma del canon literario occidental.
Propuesto por el recontra choto de Bloomfield. No sé si lo conocen. Es un
inglés maricón que se dedica a la crítica. Y ¡ojo! No critico que sea maricón,
ni que haga crítica – de hecho yo solo soy en la medida que puedo juzgar a los demás.
En buen plan, claro – sino que su visión se ciñó a los modos más realistas.
Vimos épica fantástica y realismo mágico como representantes de las corrientes
más imaginativas. Pero nunca literatura pulp, de horror o terror fantástico. Menos
que menos al comic ¡Cómo se te ocurre! No es de modo explícito ni autoritario
que se niega esta literatura, amigos, para nada. La forma es mucho más sutil
pero efectiva y – debo aclarar porque muchos de mis más mejores amigos en el
mundo son profes de la facultad – sin ser conscientes: se la niega mediante la
omisión. Nunca nos hablan, se cita o analiza este tipo de géneros. Por ende, no
existen.
Así de fácil. Yo, producto de ese mundo pedante y lleno
de chotos (como mis amigos y yo, en definitiva); tendía a no querer ni siquiera
mirar las tapas de este tipo de “literatura”. Pero me enamoré de una dibujante.
Tengo un primo que ama el comic. Trabajo rodeado de guachines que juegan video
games. Veo cantidad de animé. Y de todo eso aprendí a mirar los
modos fantásticos anquilosados en el horror, la fantasía indigenista y los
modos propensos al comic.
Y, entre las cosas de este modo que me quebraron la
cabeza está Stephen King y esta novela “El misterio de Salem`s Lot o La hora
del vampiro”.
Acabo de terminar de leer este libro y me ha confirmado
que Stephen King es un capo. Ya me había impresionado con Corazones en la
Atlántida. Por su estructura compleja, por los cambios de narradores y voces,
por lo ágil y trepidante del ritmo.
Cuando encontré esta novela que hoy les comparto en los
libreros de la Alameda me dije Tenés que hacerte con ella Pablo, a como dé
lugar. Y lo hice. Y vine y la leí, con su tamaño muy gordo y su tapa pulp. Sí
amigos, me leí las 500 y tantas páginas de este libro en poco menos de dos
semanas. Y es que tan bueno está.
Les cuento cómo viene la historia: 1975. Ben Mears,
un escritor en ascenso, vuelve a Salem`s
Lot. El pueblo del que huyó luego de presenciar un suicidio en la casa Marsten.
Quiere ahuyentar fantasma, busca paz con
el pasado. Por eso pretende rentar la casa Marsten y escribir su nueva novela
ahí. Pero cuando llega al pueblo se entera de que la casa ha sido rentada por
otros.
La desaparición de un niño, la prematura y extraña muerte
de su hermano mayo a la semana, la curiosidad y la situación pondrán a Mears de
frente al mal. Y no tendrá más posibilidad que enfrentarlo. Una novela trepidante,
que toma las características de la literatura gótica y las reproduce en otro
contexto.
Me gusto mucho que la estructura es circular. También que
los personajes son oscuros pero cotidianos, el lector puede establecer empatía
con ellos. Son héroes ocasionales, obligados por la situación. El ambiente de
pueblo norteamericano está muy bien logrado y, lo mejor, por lo menos para mí;
es que Stephen King musicaliza sus relatos con altas dosis de rock and roll.
Siempre está sonando alguna melodía salvaje y desenfrenada. Y lo más
importante: me gusta este tipo porque, más allá de la fama y el mucho dinero
que tiene; es un rebelde absolutamente opuesto al rigor del paradigma “literatura
seria”.
Bueno amigos, qué les puedo decir, ando muy enamorado de
este señor últimamente. Acá les dejo esta tremenda novela. ¡Qué la disfrutes
linda!
lunes, 3 de febrero de 2014
Haruki Murakami - IQ84
Haruki Murakami
es un autor del que no tenía idea hasta que mi buen amigo el Perro Verde vino y
me
habló, entre alucinado y flasheado, de él. No sabés que bueno es este tipo,
Pablo, me dijo, tenés que leerlo. Confieso que me daba mucha pereza, el libro tiene
300 páginas más o menos, pero como soy un tipo orgulloso y mi amigo me
preguntaba cada vez que lo veía “qué pasó con el libro Pablo, lo leíste, ya lo
leíste” y así una y mil veces me dispuse a leerlo. Eso fue el verano pasado,
cuando el 2013 recién empezaba y no sabía que te iba a conocer.
Bueno, la verdad
que empezar a leerlo y terminarlo fue un acto continuo y casi desapercibido
porque el libro es muy entretenido, muy rápido. Ágil e inteligente.
Les cuento cómo
viene la mano.
Todo empieza
cuando Aomame, una de las protagonista, se ve atorada en un embotellamiento de
coches en plena capital de Japón y, urgida por un compromiso, sigue el consejo
de un taxista que le dice que, ahí no más, al lado de donde está ella; hay una
escalera que desciende y la lleva al otro lado, a donde va ella. Aomame
desciende al túnel y lo atraviesa. Cuando sale de nuevo a la superficie el
mundo ha cambiado. Pero no de forma abrupta ni marcada, el único detalle es que
ahora percibe una luna más pequeña junto la luna que vemos todos. Ese es el comienzo
de un viaje de descubrimiento del destino, de confrontación con la soledad y de
reconocimiento del amor verdadero.
Por otro lado
está Tengo, un oscuro profesor de matemática que posee un gran talento para
escribir. No ha publicado nada pero un editor sabe que es un tipo con futuro en
las letras y constantemente le encomienda artículos y textos para foguearlo.
Hasta que un buen día le encarga reescribir “La crisálida del Aire”, la novela de una chica quinceañera que
tiene una muy buena trama (“algo extraño, diferente que enamora y asusta a la
vez”) pero una pésima redacción. Tengo, con mucho resquemor y mucha más culpa,
acepta el trabajo. Ahí él también entra en este mundo paralelo de dos lunas y,
como Aomame, comenzará un viaje de descubrimiento y aprendizaje.
La novela
transcurre en 1984, el título – ya sé que te diste cuenta, pero igual lo digo -
remite a 1984 de Orwell. Para mí la
relación es que en la novela de Murakami solo unos poco son capaces de ver más
allá de la realidad tangible, solo unos pocos son capaces de ver las dos lunas
como en la novela de Orwell solo unos pocos son capaces de percibir el sistema
opresivo que los aplasta.
La novela tiene
también infinidad de motivos que reaparecen obsesivos y que contribuyen a crear
un clima de policial fantástico, de novela sobre la literatura u obra musical.
Tales temas son la Sinfonietta de Leoš
Janáček que oficia de fondo musical de
la obra, también el tema de las sectas y su influencia en los niños, el tema de
la escritura y los concursos literarios y algunas cositas más que, al año de
haberla leído y después de haberte conocido, se me han olvidado.
Acá se los dejo,
para que lo disfruten: Haruki Murakami – IQ84.
También la Sinfonía que oficia de telón musical en la obra:
domingo, 24 de noviembre de 2013
Antes de que anochezca - Reinaldo Arenas (1990)
Leí antes de que anochezca cuando estaba en España. Me
había ido en un viaje de exilio, buscando salidas, respuestas o no sé qué. Pero
tenía que huir. Y me fui lejos. Tan lejos como donde tenía a mi hermana que me
podía dar asilo y de comer. Allá, entre caminata y caminata, me encontré con
este libro. El título me
encantó. Recordaba haber sabido del autor porque lo
mentaban en el Diccionario de Narrativa Hispanoamericana por eso lo compré.
No sé si lo dije, pero vale aclarar que mi aventura fue
allá por el 2000, cuando era un purrete lleno de acné y miedos; cuando acá la
cosa se tornaba enrarecida pero parecía que todo seguía. Poco faltaba para el
debacle y volver a empezar. Pero no vengo a historiarme amigos. A nadie le
interesa de mí.
Vengo a hablar de un libro que me mostró un lugar distinto.
Me explico, y para ello, un poco de historia.
Reinaldo Arenas fue un escritor cubano. Exiliado y opositor
al régimen castrense. El tipo, como casi todos los escritores del Boom apareció
alineado a la revolución. Pero, al igual que sus coterráneos, pronto empezó a
percibir esa sensación de asfixia que al arte – en especial a la literatura –
fue imponiendo el gobierno castrense. Porque los revolucionarios la iban de
todo bien pibe, pero acá se labura así y asá, para tener esto y aquello. Todo
bien con tal pensar para lo social. El problema fue que esa visión rigurosa y
estructurada la aplicaron al arte en general y a la literatura en particular. Luego,
las letras solo servía en tanto y en cuanto hablaba de un referente cercano e
identificable (a modo de ejemplo: igual a los textos que se difunden día a día acá
en Mendoza) que de no u otro modo, hablara al pueblo de las inequidades del
capitalismo o de las bondades del comunismo. Al principio de la revolución todo bien porque los artistas eran
funcionales y la exaltaban. Pero al poco de andar el camarada Heberto Padilla
solapó algunas críticas al sistema en su novela “En mi jardín pastan los héroes[i]”. Apenas
sale lo detienen a Padilla y el tipo aparece en los medios confesándose
arrepentido y traidor al régimen.
Los intelectuales reaccionaron de forma maniquea. Así,
algunos permanecieron junto al régimen y otros tornaron críticos. De estos
últimos la gran mayoría eran cubanos exiliados. Que, a partir del caso, pudieron
hacerse oír. Y en consecuencia comenzar a denunciar las barbaridades del
régimen. Ahí cobró notoriedad mundial Reinaldo Arenas como escritor exiliado.
En aquellos oscuros años también se dio una persecución intensa
a los homosexuales en la isla. Reinaldo
Arenas era homosexual.
Fue por estos dos motivos (trolo y disidente) que
Reinaldo Arenas sufrió persecuciones y censura hasta 1980 cuando Fidel autorizó
un éxodo masivo de disidentes. No obstante Arenas tuvo que falsificar su
pasaporte para huir porque, al ser escritor – y siendo como es que los
escritores somos capaces de derrumbar un sistema con el verbo – no querían perder
control sobre él. Sin embargo el tipo fue más vivo y, consciente de que era la
última oportunidad, se la jugó una vez más y escapó. Aclaro
la idea: Arenas intentó escapar muchas veces de la isla. Navegó en gomón. Cruzó un campo minado. Se cogió
a todo un regimiento. Y más.
Para mí el hecho de que fueran cubanos los disidentes les
dio más credibilidad que a los que permanecieron junto al régimen por el simple
hecho de que, estos, eran todos extranjeros. Escritores de izquierda que vivían
en países capitalistas y democráticos. Escritores que lucraban (y lucran) con
la denuncia eterna y constante a un sistema que los reproduce y los
comercializa. Escritores que son nada más que alternativas de mercado.
En 1987 le diagnostican SIDA. Entonces, nuestro escritor
se dedica a escribir su autobiografía: “Antes de que anochezca”, libro que les
comparto hoy. Belleza narrativa, descarnada y salvaje. Melancólica y dolorosa.
Excelente.
¿Y por qué me mostró un lugar distinto? Porque Arenas me
mostró que podés ser de izquierda y bien garca, que no todos están
comprometidos en la “causa”. O que la causa a veces es un término polisémico
que confunde y tara la equidad. También me sirvió para enseñarle a mi cófrade
Miguel Wirtis que ser gay no está mal, que se puede ser buen tipo más allá de
la elección sexual.
Bueno amigos, acá está esta belleza de la narrativa
hispanoamericana del siglo XX: Antes de que anochezca.
domingo, 15 de septiembre de 2013
El increíble niño tragalibros - Oliver Jeffers
Un muy buen libro de Oliver
Jeffers, El increíble niño come libros.
Les cuento cómo viene la mano: un
jovencito descubre, por accidente y azar, que comer libros es un pasaporte al
crecimiento intelectual. Y tanto es así que Enrique – héroe de la historia – se
vuelve más y más inteligente a medida que engulle el laborioso papel.
Envanecido Enrique decide ser el
más listo del mundo. Por eso traga y traga. Pero todo se va a complicar en el
derrotero al saber.
Muy buen libro infantil.
domingo, 11 de agosto de 2013
Varios Autores - Extramuros (Historia del rock en Mendoza)
Buenas
noches. Hoy les comparto un libro que documenta el movimiento del rock en
Mendoza. Mi provincia. En el lado argentino del globo. Bien, no es que me
quiera hacer el ocurrente o simpático, solo es para establecer puntos de
referencia.
Bien, como
les contaba Extramuros documenta la historia del rock mendocino. Abarca el
periodo primigenio, digamos finales de los cincuenta principios de los sesentas
hasta finales de la década del noventa.
El libro es
una investigación concienzuda y serie realizada desde los claustros académicos.
Según mi opinión residen ahí sus aciertos y yerros. Aciertos son la
investigación exigua del campo que contribuye a un panorama amplio de la
escena. Otro gran aciertos – y según mis románticos resabios, el mejor – es haber
restituido a la mitología rockera a Billy Lee Hunt, el rockero asesinado por la
dictadura. Otro acierto es la relevamiento de los lugares donde se tocaba/ensayaba.
Esto es algo que nunca había leído en libros de rock. También esta bueno que
trae una cronología de bandas por estilo, época, toques y grabaciones.
Lo malo,
para mí, fue que quedaron algunos grupos, como De Huinca el Gualicho (Actualmente
Pistola y Los Mugrientos), sin documentar. Otro aspecto negativo es la fotografía.
Hay imágenes memorables, no vamos a negarlo, pero no están bien impresas. Además
podrían haber agregado más, me parce. Y por último, me pareció excesivamente
académica y seria la prosa usada en el libro. Es verdad que es un trabajo de
investigación (¿Qué tono querés que usemos, boludo?) pero creo que la prosa
debería ser mas plástica, sin tanto ornamento academicista y culto. Pero bueno
mis amigos, es solo una opinión.
El libro es
muy interesante y vale la pena para el curioso de la música como yo. Acá se los
dejo, para que lo disfruten, para que vengan a Mendoza a rockear también:
Extramuros.
miércoles, 17 de julio de 2013
El Rey de la Habana - Pedro Juan Gutiérrez
Otra vez por estos lares. Hoy para traer y compartir algo completamente diferente a lo anterior, así es amigos, nos alejamos del barroco español, nos escapamos del las tierras antiguas y nos venimos para este
lado, para las tierras Fértiles donde todos es verdor, sexo y violencia. Por lo menos así es con el autor y el libro que les comparto: El rey de la Habana de Pedro Juan Gutiérrez.
Tal vez no lo conozcan (no creo) o solo lo hayan sentido
nombrar como el “Bukowski” latinoamericano. A mí no me lo parece, solo comparte
con el yanqui el estilo de escritura, la forma “estética” con que presenta su
obra: el realismo sucio. Fuera de ello no hay puntos en común.
De hecho, para establecer ideas en vuestras cabezas y para
que tengan noción de qué van a leer si leen a este muchacho; lo voy a ir
contrastando con Bukowski (porque seguro que sí lo leyeron, y si no, pues que
hay que hacerlo porque es un clásico del siglo XX). Bien, aclarado el modus
operandi lo vamos a exponer.
1.
A diferencia del ilustre norteamericano,
Gutiérrez usa (por lo menos en esta novela que es lo único que he leído de él)
un narrador en tercera persona. Gran acierto porque eso lo sitúa en una
relación de distancia respecto a lo narrado, por ende nos deja una sensación de
objetividad que da más realismo a lo narrado.
2.
En Gutiérrez no encontramos esa pavorosa desidia
bukowskiana ante la vida mis amigos, para nada. Aunque los temas son crudos,
duros y brutales; está narrado con un tono tan sencillo y ameno que la prosa
fluye como río desbocado.
3.
Lo más importante, a Gutiérrez lo vamos a leer
en su idioma, es decir, estamos leyendo lo que él escribió. No como Bukowski
que nos llega por traducciones majaderas y de tono español insoportable. Y no
es que no me guste el español, pero sí cuando no es el idioma de origen. Lo
mismo siento respecto
al cine: en su idioma original o no veo la peli, qué joder.
Bien mis estimados
cófrades de la lectura, acá les dejo tamaña obra de la contemporaneidad cubana,
de la misma sangre y del mismo barro que nosotros amigos. Disfruten de El Rey de la Habana.
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