Buenas noches colegas de la literatura. Hoy les vuelvo a compartir una novela que antes subí. Pero
esta versión vale la pena porque está ilustrada. Y no solo aporta un grato detalle de color al texto sino que suma en matices e interpretaciones. Lo más destacable es la gama de colores y el estilo renacentista del dibujo. En cuanto a la novela, Aura es una hermosa novela de terror. La ubicaría dentro del subgénero de novela de brujería y hechicería. Tiene el plus de ser un texto latinoamericano, en este caso procedente de México ya que Carlos Fuentes escribió toda su obra desde ese país. Además el texto navega por ambientes ominosos con el tinte cultural tan caro a nuestra latinoamérica querida.
En cuanto a la diégesis, les cuento que es la historia de un profesor de historia que, para variar, necesita trabajar más y toma un empleo a tiempo completo en la casa de una viuda centenaria, Consuelo, y su sobrina, Aura. El trabajo consiste en traducir y completar las memorias del marido de Consuelo, muerto una pila de años atrás. A partir de acá, el protagonista se irá sumergiendo en un oscuro viaje sin retorno. Acá se las dejo.
Ya les hablé de Stephen King. Dos veces. Y sin embargo lo voy a hacer una
vez más. Porque leí esta inmensa novela y vuelvo a legitimar a este autor como
un genio. Acá estoy, entonces, proponiendo una reseña para señalarles algunos
aspectos que, desde mi punto de vista, hacen de esta obra una genialidad. Si
alguno sigue las reseñas que publico, pensará que no tengo medias tintas.
Siempre con adjetivos grandilocuentes que precian lo que comparto. Y es verdad.
La razón es que acá subo solo lo que a mí me gusta. Sin pautas o concesiones.
La única retribución que un blog devuelve es la pura libertad. No voy a tranzar
semejante beneficio.
Bien. Para exponer porqué esta obra es tan pero tan bonita voy a señalar,
como les conté, algunos aspectos.
It es un culebrón de 1500 páginas. Embarcarse en su lectura es cosa de
valientes. No obstante, una vez que te animás y descendés al poblado de Derry
no vas a poder parar de leer. Porque King te toma la mano y te lleva, así de
onda y con sencillez, a lo más siniestro. La novela está estructurada en capítulos
divididos por interludios. En los capítulos se va desarrollando la historia en
dos tiempos diferentes: 1958 y 1985. King elige un narrador omnisciente para
esta parte. En cambio, los interludios, están narrados en primera persona. En
los capítulos se va construyendo la historia de los siete personajes
principales y su gesta. En los interludios, que se han estructurado como si
fueran un diario personal, se va explicando todo lo referido al contexto de la
historia. Otro detalle que me interesa destacar, principalmente porque a mí me
mola mucho, es que en cada parte e interludio, al comienzo, hay epígrafes de
bandas de rock. Eso es genial, al menos para mí, rockero de corazón como soy;
porque genera empatía con el bueno de King.
El género de It, y no lo había reflexionado hasta que lo leí por ahí, es el
Gótico. Yo me pensaba que las novelas góticas se habían terminado con Stroker,
Shelly, Radcliffe y Feval. Pero no, resulta que el género goza de buena salud
y, en gran parte, es gracias a este señor. Por qué es gótico si no aparecen
castillos, se puede preguntar algún desapercibido como yo. Porque la
ambientación es oscura y tétrica. Los escenarios son bosques húmedos, de moho y
barro (aunque el nombre del lugar donde se esconde el mal es Barrens que
significa, en castellano, Baldíos), una casa abandonada y los suburbios de un
pueblo típico del Sur yanqui. De hecho, en algunos pasajes donde se describe cómo
es Derry, no pude evitar pensar en el pueblo donde transcurre la acción de La
biblia de neón del malogrado John Kennedy Toole. En cuanto al la banda sonora – por decirlo de
algún modo - se recurre a los aullidos, al llanto de los niños y al violento vozarrón
de adultos resentidos y maltratadores (personajes típicos de la narrativa de
King, al igual que la lógica consecuencia de estos adultos: los niños
desamparados), y también, como les dije, al rock and roll. Stephen King retoma
el género – ya que utiliza muchos de sus paradigmas – y lo encastra, de forma
magistral, por cierto; en la modernidad. De este modo actualiza y resignifica
un género, en apariencia, agotado en sí mismo.
Pero no se acaba en lo gótico el género de IT, no amigos. Stephen King
agrega ingredientes de otro género al cual soy devoto, la épica fantástica. Lo
épico es que los personajes se enfrentan a un peligro mayor, supremo, que no
solo los afecta a ellos sino a un orbe entero. Lo fantástico es que esa fuerza
es una maldad milenaria, del principio mismo de los tiempos. Y aquí me permito
señalar el referente de King: Los mitos de Cthulhu de Lovecraft. El
recurso estético que también encuentro, en este sentido de lo fantástico en la novela,
me remite al Realismo mágico latinoamericano porque lo sobrenatural acontece
sin esfuerzo. Es decir, las cosas suceden sin cuestionamientos ni explicaciones
porque no hacen falta.
Otro acierto de la obra es el anécdota: en un pueblo llamada Derry se
suceden, en ciclos que rondan los veintisiete años, asesinatos en cadena. Las
víctimas suelen ser niños. El asesino es esta fuerza malvada que ha hecho del
pueblo su coto de caza personal. Pero en el ciclo de 1958 siete niños la
enfrentarán. Si bien no acaban con el mal, logran lastimarlo y terminar antes
el ciclo. Además harán un pacto de sangre: si alguna vez Eso vuelve ellos
también lo harán. Y es por eso que, cuando en 1985 Eso vuelve, los niños –
ahora adultos – se reunirán nuevamente para cumplir el pacto que hicieron. Pero
claro, ya no son niños y, mal endémico de los adultos; han olvidado qué
prometieron. No obstante, al ser convocados, reaparecen las cicatrices de la
promesa y la certeza de que, aunque no saben qué, recuerdan que el pacto
concernía la vida de otros niños. Entonces, cada uno por separado, reemprenderá
el regreso a Derry. Un regreso enajenado, de reconstrucción de un pasado triste
– los conocían como “el club de los perdedores” -, que, para colmo, está
eclipsado por un presente exitoso: los siete personajes, en 1985, son
triunfadores de la vida. No es este un detalle menor, en la historia tiene un
significado. Como todos y cada uno de los pequeños elementos que Stephen King
va introduciendo para decirnos que no hay que olvidarse de ser niño. Que no hay
que perder la fe, el amor y la inocencia.
No esa inocencia pacata y catolicoide que habla de la inocencia como el
no ver, no amigos, sino esa inocencia que nos da fuerza para saltar por arriba
de la fogata o descender a las alcantarillas sin pensar en el miedo.
Bueno, una obra mayor, que ya está en mi canon personal. Y no en un lugar
menor, amigos. Acá se las dejo, para que asistan a esta batalla épica que es
IT.
The Frighteners es una película de 1996. Acá se conoció como “Muertos de
miedo”.
La película es excelente. Sin embargo pasó desapercibida para el público
general.
Vamos a ver por qué es tan pero tan buena.
Primero porque mezcla con desparpajo y libertad varios géneros. Empieza
siendo una película cómica, que más bien parece caminar por el lado de la risa
simple. No obstante, a medida que la historia avanza y la trama se complejiza
se va transformando en un verdadero thriller de horror.
Otro aspecto destacable, y si sos un tipo sensible y dado a la comulgación
con lo demás; es que fue este el último papel estelar de Michael J. Fox antes
del Parkinson. Si no conocés a este señor te cuento que es inolvidable por haber
interpretado al canchero Marty Mc Fly en Volver
al futuro. Confiezo que no me caía muy bien Fox, justamente, por este
papel. Siempre he encontrado a tal personaje muy pedante, cargado de paradigmas
yanquis del peor gusto. De hecho, y yéndome pero no muchísimo, me cae mejor el
personaje del padre: un escritor de ciencia ficción fracasado y sometido. ¿Por
qué? Porque me sospecho en lo de fracasado y me descubro en lo de sometido.
Michael Fox, en los noventa, era un actor en ascenso que estaba eligiendo
bien los peldaños a la cresta hollywoodense. Había interpretado al soldado
botón y justiciero de Crímenes de guerra (junto a Sean Penn), a un actor histérico
en una peli policial con James Wood y, acá
a Frank Banister. Tres roles que le hacen justicia y mostraron a un actor
versátil, que podía dar mucho más.
Les cuento un poquito de la trama: Frank Bannister es un arquitecto venido
a menos que, a causa de un accidente, ha adquirido la capacidad de ver
espíritus. Sí, ya sé: ¡qué chotera! Es verdad, pero ya desde el principio la
película tira otra idea, escapa a los parámetros clásicos porque Frank
Banister, acompañado de tres fantasmas ha montado una empresa para,
literalmente, timar incautos o, si mejor entendés, “desplumar pichones”. De
este modo los fantasmas irrumpen en algún hogar, mueven los muebles y revuelven
los cabellos hasta generar la paranoia necesaria para que los pichones
requieran los servicios de Bannister, cuya tarjeta, apropiadamente, ha sido
depositada en algún lugar visible. He ahí, para mí, una clara muestra de
alternativa al rigor de Hollywood. Pero no solo esto. No amiguitos. La
película, que como conté arranca en plan comedia romántica, va virando de a poco
a causa de un extraño hecho que comienza a aquejar al pueblo: la gente comienza
a morir de infartos. Banister empieza a investigar los hechos y, el patético
perdedor que nos presentaron, empieza un derrotero que lo llevará a límites
inciertos.
Vale destacar también la gran calidad de los efectos, filtros y colores de
la película – no seas nabo y contextualizá que esto se filmó en 1996, cuando
vos eras menos que un esperma – que colaboran a construir la atmósfera de comic
siniestro y oscuro.
Mención aparte merece el hecho de que el director es Peter Jackson - sí, el
director de El señor de los anillos y King Kong (ambas muy bonitas, en especial
King Kong que siempre me arranca lágrimas cuando matan al mono) - pero en el
peldaño inmediatamente anterior a la popular saga. De hecho, revisando en la
red, encontré que fue The Frighteners la que le permitió acceder a El señor de
los anillos. Interesante. ¿No?
Bueno pibe, te dejo una tremenda película para el finde. Tiene de todo: amor,
aventuras, terror y, lo más importante, una trama inteligente. Aspecto que,
según pienso yo, es lo único que, al fin, define una obra imperecedera de otra
que sí. Acá tenés papa:
Otra novela de Stephen King, algo más de terror y horror
les traigo. Un poquito más de este tipo que, como l
es dije ya, me viene robando
varias horas del día. Este era el último libro que me quedaba de los
intercambiados allá en los vendedores de libros usados de la Alameda pero, mi
buen amigo y hermano de la vida Perro Verde; me dijo: Hey Pablo, tengo un
librito de King, sé que te gusta y andás gustoso de leerlo, Tomá, te lo regalo.
¡Wau! Muchas gracias Amigo – sí, así con mayúscula – le dije; sos grosso,
sabelo. Y muy luego lo abracé.
Así es que tengo más para leer de King. No obstante no
será ya cuando encare las 500 páginas de Cuatro después de la medianoche - Un
muy prometedor libro de novelas cortas entre las que se encuentra (¡Sí, papá!) “Ventana
Secreta, Jardín secreto” (Por si no lo sabés, de esta se hizo una muy buena
peli con el repetido Johnny Deep) – sino más adelante, cuando termine la
hermosa y poética novela de Gabriel Vacchielli “Agualima”, ganadora del
Vendimia 2012. Que, dicho sea de paso y porque no sé conservar mi intimidad;
estoy empezando a leer.
Pero bueno, hoy les dejo el último librito que leí del
bueno e imaginativo de King (¡Qué imaginación culiado!): Cujo.
A diferencia de las otras dos que leí (Corazones en la
Atlántida y La hora del vampiro) acá el terror no es sobrenatural, no amigos. Y
he ahí una de las sorpresas que me llevé con la novela. Porque me esperaba que
de uno a otro momento apareciera el mal o algo así, porque sí se habla de
espíritus, sí se crea un ambiente propicio y, no obstante – y muy a pesar de lo
que podés llegar a pensar – el miedo está acá y es tan real y cotidiano que no
lo vas a sospechar hasta que te caiga en el cuello o en los testículos como
Cujo. Y he ahí el terror “psicológico” porque lo
angustioso y opresivo de una situación, en apariencia cotidiana, termina diezmando
y destruyendo dos familias. Muy buena, chaval.
Por otro lado, descubrí, investigando un poquito para
este post, que Stephen King ha creado todo un universo – y no en una saga como
el maricotas de Tolkien o la delirante y borrachina Bodoc, no amigos – él lo
que hace es intertextualizar en cada una de sus novelas con personajes, lugares
o situaciones de otras. Así sean cuestiones menores. De este modo, y a través de los años y el éxito que el muy
careta de King ha conseguido; ha logrado construir un mundo propio y cerrado
que solo es asequible para el lector habitual de este monstruo de la
naturaleza, de esta bestia literaria.
Así es que les dejo un muy buen libro para leer rápido y
en la cama, mientras esperas que tu chica salga del baño y aparezca infartante
y hermosa para vos. Sí, porque si algo adoro, respeto y admiro de King es su
estilo simple, de palabras precisas y sencillas que describen una situación con
pocos adjetivos, sin parafernalias ni ornamentos vehementes y botónes que te
demanden excesiva atención.
Terror al estilo clásico, de monstruos, asesinos y
fuerzas paranormales es lo que nos propone Charly Feiling en esta genial novela
de terror. Y digo genial porque realmente sustenta tal
epíteto. Me voy a
explicar para que voseades (ignaros, tal vez) descubran porqué está bueno haber
leído el Mal Menor de Charly Feiling.
Vamos a ir por partes para destacar los logros y aciertos
del autor. Primero estamos ante una novela de horror al estilo Lovecraft o
Afternoom. Los personajes son un asesino escapado de las pesadillas, sediento
de sangre que mucho trabajo dará descubrirlo, con una mujer (AKA Inés Gaos) cocainómana
y descentrada y un tarotista paraguayo y valiente: Nelson Floreal. Alrededor de
ellos se va desatando una serie de eventos de orden onírico que, cada vez, se
van haciendo más concretos y perceptibles. No todos pueden percibir las
apariciones, solo un puñado de personas en el mundo. Entre ellos Inés Gaos y
Nelson Floreal, lo cual los ata a una tremenda responsabilidad: detener al
prófugo de los sueños. Cuando la violencia se ramifica a otros lares (La
Habanna, Londres) los protagonistas entienden que es el mundo entero el que
está en peligro. Así, perseguirán al prófugo, hasta enfrentarlo en un
monumental duelo en la ciudad de Buenos Aires.
Y es este último punto el que quería resaltar, el
contexto de la acción. Porque perfectamente podríamos haber pensado que la obra
era un producto del clásico terror anglosajón. Pero no, nos encontramos ante
una obra escrita en Argentina. En la década del noventa. El ambiente es otro
aquí. Una excelente obra para leer con tiempo y tranquilo. No a los tropiezos y
por cumplido. Acá está: El Mal Menor. Acáhttps://www.mediafire.com/file/l35v83hv360bhva/Feiling_C._E._-_El_mal_menor.doc/file otro link.